CONTROL ARQUEOLÓGICO EN EL YACIMIENTO PÚNICO-ROMANO DE GALLINERAS
5. LOS MATERIALES DEL CONTROL ARQUEOLÓGICO GALLINERAS´99.
La zanja realizada paralelamente a la carretera cortó en su trayectoria tanto los depósitos de materiales romanos asociados a los hornos situados junto a la calle (14), materiales dispersos por las zonas inmediatas a éstos y el alineamiento de ánforas Dr. 7/11 situado en sentido casi perpendicular a la calle, como un pequeño nivel o bolsada de materiales de filiación púnica que se hallaron a unos 40 mts. al N de los referidos hornos cerámicos romanos. Debido a ello, trataremos por separado ambos tipos de material, no sólo por la diferenciación crono-cultural sino también por parecer ser el depósito púnico una unidad arqueológica aislada del conjunto romano (pues junto a estos materiales púnicos de la zona A no se hallaron materiales romanos, aunque alrededor de los hornos sí se documentaron algunos fragmentos anfóricos púnicos muy dispersos). Además de lo referido, durante la excavación se documentaron restos de tres muros (de mampuestos irregulares de calcarenita unidos por argamasa de cal y arena, con anchuras de entre 60 y 120 cm.) situados entre F2 y F3, y que discurrían en dirección transversal a la zanja, que muy posiblemente están asociados a la zona de piletas o se traten del taller alfarero inmediato a los hornos (fig. 1).
La presencia de materiales púnicos en esta intervención podemos calificarla de muy exigua, si bien no hay que perder de vista la poca profundidad del corte practicado así como la unidireccionalidad del mismo. Sin embargo, a pesar de ser corto el número de fragmentos hallados (nēs inv. 19, 91-95 y 145-161), situados en las zonas T y sobre todo A en el nivel I, su importancia es destacable para el conocimiento de la presencia púnica en esta zona de San Fernando y, por ende, del entorno de Gadir (fig. 2). Además de los fragmentos inventariados, en el mismo depósito se encontraban numerosas piezas en estado muy fragmentario pertenecientes a formas de clara filiación púnica local, siendo la mayoría de ellas galbos anfóricos.
La industria alfarera fenicio-púnica gadirita se ubicó a tenor del registro arqueológico en el ámbito insular de la bahía, en San Fernando y tardíamente en Cádiz. La alfarería fenicio-púnica más antigua hallada hasta el momento en el ámbito de Gadir la encontramos en el yacimiento de Sector III Camposoto en San Fernando, datándose estos hornos y testares a finales del s. VI a.n.e. La actividad de este yacimiento parece extenderse hasta los momentos finales del s. III a.n.e., o comienzos de la centuria siguiente. Otras alfarerías más tardías se sitúan en los yacimientos de Torre Alta, Pery Junquera, Avda. Al-Andalus, Centro Atlántida, El Canal (en San Fernando) y Tolosa Latour y calle Troilo (en Cádiz), casi todas datables en momentos prebárcidas o plenamente bajo la ocupación cartaginesa, excepto Pery Junquera, donde es plausible que se ubicara también una alfarería de los ss. VI-V a.n.e. a tenor de los hallazgos de T-11.2.1.3.
Fig.2. Restos púnicos
Un aspecto interesante en esta evolución sería la ubicación de los talleres alfareros en situación de insularidad (en San Fernando principalmente) mientras el grueso de las factorías de salazones demandantes de los envases se localizarían en la costa de El Puerto de SĒ María. La conquista romana tras el 206 a.n.e. no supondría en las primeras décadas un gran cambio ni en el número, ni en la ubicación, ni en las producciones de los alfares pues Torre Alta, Pery Junquera, El Canal, Centro Atlántida, calle Troilo y Avda. Al-Andalus continúan su actividad en estos primeros años, si bien antes de mediado el siglo se advierten cambios en el planteamiento de la distribución de la antigua Gádir que afectarán de forma radical a estas industrias con una dispersión de ellas hacia la campiña costera.
El elenco material procedente de la bolsada púnica se compone de varios bordes de Ramón (15) T-8.2.1.1 (nēs inv. 19, 92, 93, 95,145, 154 y156), dos bordes de T-12.1.1.1 (nēs inv. 148 y 150), un fragmento de borde de una posible T-11.2.1.3 (nē 158), un fragmento de borde de T-4.2.2.5 (nē 152), un borde de plato de cerámica común (nē 161), un fragmento de borde vitrificado de lebrillo (nē 84) y un fondo (pellizco final) de ánfora, vitrificado, correspondiente a las familias 11 o 12 de Ramón (nē 157), además de numerosos fragmentos de galbos de ánforas y cerámica común púnica con las características concreciones de los depósitos de desechos alfareros (fig. 2). Otro fragmento de difícil diagnóstico (nē 94) podría corresponder a una T-9.1.1.1, aunque lo pequeño y deteriorado de la pieza imposibilitan tener total certeza al respecto.
La datación canónica propuesta para estos materiales iría grosso modo desde mediados del s. V a.n.e. hasta finales del s. II a.n.e., si bien por la asociación de materiales y la no aparición de formas típicas del s. II (T-7.4.3.3, aunque quizá sí la T-9.1.1.1, que comienza a producirse en el s. III) debemos situar el conjunto en un momento indeterminado de los ss. IV-III a.n.e., probablemente próximo a este último siglo. El fragmento de fondo resulta ser el más importante (pues la adscripción del lebrillo es problemática ya que es una forma que sin grandes cambios morfológicos se produce abundantemente en época romana), ya que se trata de una pieza claramente defectuosa tras el proceso de cocción del ánfora. Aunque la muestra material es muy reducida, este fragmento de fondo y la asociación de materiales con cronologías parecidas y pastas claramente locales (son tipos de los que ya se ha constatado su fabricación en alfares púnicos locales) nos inducen a proponer para esta pequeña bolsada de materiales el que se trate de la escombrera de un posible alfar púnico ubicado en las cercanías (16). Esta probable situación de un establecimiento industrial del periodo púnico en el mismo solar que un alfar posterior de época romana no es algo inusual en San Fernando, siendo por otra parte frecuentes los hallazgos de cultura material púnica en las inmediaciones del Cerro de los Mártires y Gallineras (17). Es asimismo destacable el hallazgo "casual" a comienzos de la década de los ochenta de una tumba de sillares de filiación púnica a escasos metros de la situación de los hornos romanos. El emplazamiento elegido para esta instalación alfarera, junto a la paleocosta (lo que favorece la distribución y comercialización del producto) y en un lugar de fácil abastecimiento de arcillas y agua, se encontraría además el extremo de la antigua isla más cercano al templo de Melqart. La existencia de un alfar púnico en este lugar indica a todas luces la continuidad en la situación de los talleres, instalándose las alfarerías romanas más antiguas de la bahía en lugares en los que ya se encontraban alfarerías fenicio-púnicas o en sus inmediaciones, como también apreciamos en Pery Junquera.
Los materiales cerámicos exhumados durante la construcción del vallado no constituyen en gran parte novedad alguna respecto a lo ya publicado en anteriores trabajos, ninguno de ellos específico del yacimiento (18). Debido a la anteriormente citada falta de una prospección estratigráfica en el yacimiento, los únicos elementos datantes son los propios restos cerámicos que se han hallado en superficie o en las diversas remociones de tierras producidas en sus inmediaciones, arrojando una cronología inicial, según un autor u otro, de finales del s. I a.n.e. o comienzos del s. I d.n.e., prolongándose la actividad del alfar hasta el s. II d.n.e. En el presente trabajo se pretende clarificar (con la planimetría) la situación de los hornos, sus escombreras y el depósito de Dr. 7/11, y la de este conjunto respecto a la contigua factoría de salazones y villa romana, además de caracterizar aún más sus producciones e indagar en la posibilidad de un poblamiento tardorromano en la zona.
Antes de adentrarnos en el estudio del yacimiento de Gallineras conviene analizar brevemente y hacer algunas precisiones acerca de su homólogo de Cerro de los Mártires. Definimos con este término a los hornos localizados en la parte alta del cerro, en las inmediaciones de la actual ermita de los patronos de la ciudad. Es destacable la confusión de la gran mayoría de investigadores en el empleo de los nombres "Cerro de los Mártires" o "Gallineras", para definir indistintamente a ambos yacimientos y sus producciones, separados únicamente por algunas decenas de metros y por un talud artificial debido a las actividades de extracción de áridos de las laderas del cerro con destino a diversos rellenos en Cádiz y San Fernando. Gallineras será definido por tanto como la agrupación de hornos, escombreras y el depósito que se hallan en la parte baja de la ladera sur del cerro. Esta separación se debe solamente a una continuidad historiográfica puesto que consideramos a ambos talleres alfareros parte de un gran complejo industrial, debido a sus concordancias cronológicas y productivas, a su proximidad y a su mutua relación con diversas estructuras como el conjunto de piletas de opus signinum, el acueducto secundario de Huerta de Lillo y la villa romana (19). Los hornos de la cumbre del cerro se diferenciarían sin embargo por su producción principal, destinada a la fabricación de cerámicas de uso doméstico y de lujo (paredes finas, terra sigillata, común, terracotas...), aunque los hallazgos anfóricos también son numerosos en superficie, ya estudiados por M. Beltrán (20). La zona baja del taller estaría destinada por tanto a la fabricación de ánforas salazoneras, aunque, como se ha expuesto anteriormente, también de documenta la elaboración de materiales constructivos (ladrillos, tégulas, ímbrices...).
Como expone L. Lagóstena (21), sólo se conoce una pareja de hornos, excavados parcialmente por el colectivo Gerión en 1970 (22), estando actualmente soterrados aunque son visibles algunos restos y gran cantidad de materiales cerámicos procedentes de sus escombreras. Los hornos son de planta circular, con unos 4 m. de diámetro, construidos con adobes, ladrillos y restos cerámicos. Su producción, confusa por las adscripciones erróneas de tipos de Gallineras, podrían ser: Dr. 7c, 8, 9, 10, Haltern 70 además de probablemente Mañá C2b. Además de materiales anfóricos, este alfar fabricó varias formas de cerámicas comunes (platos, cuencos, ollas, jarras...), lucernas, cerámicas de paredes finas y probablemente terra sigillata (23). La cronología de los materiales romanos de esta instalación comprende una actividad (o habitación) desarrollada entre los ss. II a.n.e.-IV d.n.e., aunque algunos materiales púnicos sin posición estratigráfica clara podrían llevar los inicios hasta al menos principios del s. IV a.n.e.
En cuanto a los materiales cerámicos altoimperiales o tardorepublicanos (figs. 3 y 4) exhumados en el control arqueológico Gallineras´99, las formas anfóricas características de este yacimiento son Dressel 7a, 7c, 9, 10a, 10c y 10d, con una actividad productora que podríamos situar entre las décadas finales del s. I a.n.e. y el s. II d.n.e., no habiendose detectado novedades tipológicas dentro de la familia de las Dr. 7/11 producidas en el alfar. Un elemento significativo es que entre las numerosas ánforas del tipo Dr. 7/11, se ha documentado el tipo Dr. 1C, lo que podría rebajar la cronología de taller, en unión a un fragmento muy deteriorado de cerámica de barniz negro tipo campaniense (fig. 5). La forma Beltrán II ha sido documentada de forma casi anecdótica en el conjunto (nēs de inv. 16 y 18) en sus variantes A1 y B. Asimismo, entre una ingente cantidad de restos anfóricos se encontró una copa de T.S.H. lisa de la forma 27 (nē inv. 202), que aunque se encontraba en relación al alfar podría muy bien corresponder a la vajilla de uso doméstico de la villa ya que su producción en estos alfares parece poco probable, si bien no es completamente descartable; la pieza estaba sellada mediante punzón aunque debido a la erosión postdeposicional el sigillum resulta ilegible. Se han documentado también fragmentos de cerámicas comunes y de cocina, además de dos asas de lucernas altoimperiales (fig. 5), probablemente del s. I d.n.e.
Fig.3. Materiales cerámicos altoimperiales o tardorepublicanos
Las formas anfóricas recogidas durante este control arqueológico no difieren de manera sustancial con lo ya publicado, sino que confirman a las formas Dr. 7/11 son la principal producción de estos alfares, lo que demuestra su relación con la industria salazonera, acaso con la factoría y villa que se encuentran junto a los talleres alfareros. Se han hallado algunas asas acanaladas y bordes asimilables a Haltern 70, si bien este tipo presenta grandes parecidos morfológicos con algunos ejemplares de Dressel 7/11 por lo que su atribución con material fragmentario es muy dudosa. Por otro lado, algunos fragmentos con carenas muy marcadas indican la presencia de Dressel 1C en el yacimiento, aunque la posibilidad de su fabricación en Gallineras es reducida (pero no descartable) debido a la escasa proporción de los restos en comparación con otros tipos.
De cronología bajoimperial se han documentado algunas bases y un borde atribuible a la forma Keay VII o XXV (24), además de varios fragmentos de T.S.A. clara A, C y D y varias formas de cerámica común (fig. 6), en un conjunto datable entre al menos finales del s. II d.n.e. y la primera mitad del s. IV d.n.e., lo que corrobora los datos de la intervención de 1960 y revela un poblamiento tardorromano para esta zona de San Fernando.
Fig.4. Materiales cerámicos altoimperiales o tardorepublicanos
Fig.5. Ánforas del tipo Dr. 1C
No se han documentado estampillas ni tituli picti que identifiquen a los productores y/o comerciales, aunque se han hallado algunas marcas numerales incisas en varios de los regatones estudiados (marcas comunes de los tipos usuales en la bahía). Además de los restos fragmentarios de ánforas, han sido exhumadas varias pequeñas tapaderas (fig. 3) propias de estos envases, no presentando ninguna de ella una marca que pudiera servir de identificador del taller o el tipo de envase al que se ligaban.
Asimismo ha sido hallado un singular ejemplar de clavija de cerámica común (nē inv. 207) del tipo utilizado en la construcción de los muros aislantes de las termas (conocemos otro ejemplar similar procedente de antiguas excavaciones en el Cerro de los Mártires), lo que podría indicar una producción local o el hecho de que las termas de la cercana villa no se hallan muy lejos de la zona intervenida. En los testares de Gallineras han sido hallados también restos de materiales de construcción tales como ladrillos de diversas medidas (en ocasiones decorados con digitaciones), ímbrices y tégulas con diversas secciones. Estos materiales constructivos fueron interpretados en un primer momento como procedentes de la cercana villa, muy arrasada, ya que también podemos encontrarlos en superficie en su zona. Sin embargo, la presencia de un ladrillo claramente deformado por una cocción deficiente y la posición de estos materiales junto a los restos anfóricos, nos hacen pensar en una fabricación de estos tipos en el taller; la producción sería de carácter local, seguramente con destino al abastecimiento puntual de la cercana villa y del propio alfar.
Fig.6. Material cerámico bajoimperial
Referencias: Sáez Romero, A. M., Montero, R., Toboso, E. J., y Díaz, J. J., (2003) "Control arqueológico en el yacimiento púnico-romano de Gallineras (San Fernando, Cádiz)", Anuario Arqueológico de Andalucía/2000, III, Sevilla, pp. 166-173.
Autores: Antonio M. SÁEZ ROMERO, Roberto MONTERO FERNÁNDEZ, Ernesto J. TOBOSO SUÁREZ, José J. DÍAZ RODRÍGUEZ