LAS PRODUCCIONES CERÁMICAS EN LAS BAHÍAS DE ALGECIRAS Y CÁDIZ EN LA ANTIGÜEDAD. ANÁLISIS COMPARATIVO DE SUS TRAYECTORIAS ALFARERAS.
5.1 LA CRONOLOGÍA DE LA ACTIVIDAD ALFARERA
La bahía de Cádiz comenzó a producir cerámica de forma industrial con la llegada de los fenicios, no muchos años después de asentarse de forma definitiva en la bahía a comienzos del s. VIII a.n.e. No tenemos pruebas contundentes de ello pero algunos restos descubiertos en Sector III Camposoto, Pago de la Zorrera y una posible escombrera en el Pago de Retamarillo (con platos de engobe rojo y ánforas T-10.1.0.0) podrían contribuir a llenar la falta de talleres para el periodo 800-550 a.n.e. En la bahía de Algeciras se estableció un asentamiento fenicio en el interior de una pequeña bahía en el estuario del Guadarranque en el lugar denominado Cerro del Prado, con una cronología fundacional algo más tardía que Gadir. Para el mutilado yacimiento campogibraltareño no disponemos de información alguna acerca de la existencia de talleres alfareros propios, debido seguramente a destrucciones modernas y no a su inexistencia. No en vano, la documentación de talleres alfareros para época arcaica en el yacimiento malagueño del Cerro del Villar ha demostrado que la dependencia del resto de asentamientos hacia Gadir no era tan acentuada para los momentos iniciales de la colonización, por lo que un asentamiento próspero ubicado en una situación geográfica tan óptima como el Cerro del Prado debió de contar con alfarerías propias destinadas a su autoabastecimiento. A partir del 550 Gadir intensifica su tráfico comercial a nivel mediterráneo basando su economía en la producción industrial de salazones y salsas de pescado. Esto se refleja a nivel arqueológico en numerosas factorías pesqueras en la costa portuense y en una "explosión" de la alfarería establecida en la isla de San Fernando. Desde estos momentos encontramos una primera multiplicación de talleres en la isla: Sector III Camposoto, Pery Junquera, Cerro de los Mártires, Eucaliptos, Pago de la Zorrera, Pago de Retamarillo, Salina Tres Amigos, C/ Batallones de Marina, etc...
Todos estos talleres tienen un denominador común, la producción masiva de innumerables variantes de ánforas T-11.2.1.0 y sus sucesores de la serie 12 de Ramon, envases dedicados principalmente al transporte de las salazones de la bahía gadirita. De nuevo topamos para la zona campogibraltareña con la cuestión de la falta de registro arqueológico en el que apoyarnos. El traslado de la ciudad desde la antigua ubicación en el Cerro del Prado hasta la definitiva base de Carteia debió estar motivada, como bien señalan sus excavadores (Bendala et alii: 1994), por un auge comercial y una gran prosperidad económica de la ciudad en un momento clave -fines s. V o comienzos s. IV a.n.e.-. Para la época de dicho traslado, la "Carteia La Vieja" debía haber transformado ya sus estructuras económicas siguiendo el ejemplo gadirita desde el intercambio desigual con los indígenas del entorno hasta llegar a una explotación intensiva del hinterland agrícola y sobre todo de los recursos pesqueros. En suma, es muy factible que al igual que sucedió en otras zonas de influencia gadirita como la costa malagueña, marroquí o Abdera y Sexi, se iniciara a fines del s. VI a.n.e. una industria de la salazón y salsas de pescado que llevaría aparejada una poderosa industria alfarera que la dotara de envases. No tenemos constancia arqueológica de dicho proceso pero la vocación marítima de Carteia desde el s. IV a.n.e. y su prosperidad económica nos llevan a plantear esta como una firme hipótesis acerca de su evolución económica. La situación no cambiará sustancialmente hasta la llegada de los cartagineses a la península en el año 237 a.n.e., si bien hay que señalar un aparente retraimiento de la industria a partir de mediados del s. IV quizá producto de los negativos resultados comerciales para la zona de influencia de Gadir que tuvieron los tratados romano-cartagineses.
La llegada de los bárcidas produjo en la bahía gaditana un segundo florecimiento de la industria de la salazón y salsas de pescado y un consiguiente desarrollo de la alfarería, como parece mostrar la continuidad de gran parte de los talleres ya existentes a los que se suma un
buen número de ellos: Sector III Camposoto, Eucaliptos, Cerro de los Mártires-Gallineras, Pery Junquera, Pago de la Zorrera, Salina Tres Amigos, Torre Alta-Avda. Al-Andalus, C/ Batallones de Marina, C/Antonio López, Huerta del Contrabandista en San Fernando, además de C/ Tolosa Latour y quizá C/ Troilo en Cádiz. De nuevo en la bahía de Algeciras encontramos un vacío de datos arqueológicos que no hallará solución hasta momentos tardorrepublicanos. De cualquier forma, el proceso debió ser similar en Carteia, que según Livio fue principal base marítima de los cartagineses tras Carthago Nova.
La dominación romana no debió de suponer cambios demasiado radicales en la zona de influencia gadirita hasta avanzado el s. II a.n.e. La industria salazonera siguió siendo el recurso económico más destacable de las ciudades del conventus gaditanus, dándose un descenso productivo que se refleja arqueológicamente en un abandono generalizado de las factorías pesqueras (se abandonan las de El Puerto de Santa María) y en una reducción drástica del número de talleres alfareros. Para los dos primeros tercios del s. II podemos contar con la actividad de El Canal-Avda. Al-Andalus, Pery Junquera e instalaciones ubicadas en una zona incierta del Cuartel de Camposoto, además de Salina Tres Amigos y Río Arillo en San Fernando; en El Puerto parece que estuvo ya activo el alfar de C/ Javier de Burgos. No será hasta fines del s. II a.n.e. cuando de nuevo se de un impulso a la industria salazonera quizá en relación con la confirmación del estatuto municipal a Gades (78 a.n.e.) y con el inicio de la importancia política de Balbo el Mayor (Cic., Pro Balbo, 34; Val. Máx., VII, 8, 7). Se instalan nuevas factorías salazoneras en Cádiz y se documentan nuevos talleres alfareros como el descubierto en la C/ Gregorio Marañón en Cádiz. La situación no es distinta para estos momentos en la bahía algecireña pues de nuevo topamos con una crónica falta de restos arqueológicos que apoyen las tesis históricas, si bien al igual que para etapas precedentes podemos suponer un desarrollo similar al gaditano, marcado por la proclamación de Carteia como colonia latina en el 171 a.n.e. (Livio, XLIII, 3). En ambas bahías, especialmente en la gaditana, el statu quo productivo no sufrirá alteraciones hasta las guerras civiles, dejándose notar de forma acusada las colonizaciones de época cesariana. Ciñéndonos a la cuestión de las alfarerías, la acción de César y los Balbos con la creación del Portus Gaditanus y la instalación de numerosas villae (dotadas de figlinae y cetariae en gran parte de los casos) en la campiña litoral de la bahía gaditana se
cristalizó en el resurgir de la industria de la salazón de pescado (ahora en manos de privados y no de la ciudad) y por tanto un nuevo impulso para la industria alfarera. Se multiplican los talleres en El Puerto de Santa María y en Puerto Real (ligados también a la existencia del portus) y en San Fernando (en relación con ad pontem y ad herculem), siendo de nuevo la producción esencial las ánforas salsarias -ligadas al abastecimiento de los ejércitos imperiales desde este momento hasta momentos bajoimperiales- si bien también comienzan a fabricarse a notable escala envases destinados a contener el aceite y el vino procedente de las numerosas explotaciones rurales del territorium gaditano. Las reformas iniciadas en época augustea confirmarán estos supuestos, oscilando el número de figlinae gaditanas para época altoimperial alrededor de las 40, concentración elevadísima única en el Imperio. En la bahía de Algeciras será de esta fase augustea o poco antes de cuando datan las primeras muestras de alfarería, con paralelos morfológicos y productivos evidentes con los alfares gaditanos. Talleres sin relación aparente con villae alguna como parecen ser El Rinconcillo o Venta del Carmen parecen ser el patrón de asentamiento de las figlinae campogibraltareñas de época altoimperial, algo que también es habitual en la bahía de Gades. Los talleres relacionados con Ivlia Traducta, Portus Albus, Carteia o Barbésula dejan de funcionar aparentemente en el s. II d.n.e. si atendemos al registro arqueológico, si bien este argumento ex silentio nos parece que se debe más a un vacío de hallazgos para los ss. II-III d.n.e. que a una crisis alfarera real. En el entorno de Gades los talleres parecen concentrarse cuanto más nos acercamos al s. III d.n.e. reduciéndose el número de ellos, que ahora aglutinan una producción disminuida que han dejado de cubrir multitud de hornos dispersos por los fundi de la campiña litoral. Se distinguen ahora sólo tres talleres en funcionamiento, Puente Melchor, en Puerto Real y Cerro de los Mártires y C/Albardonero en san Fernando, perdurando quizá los dos primeros hasta avanzado el s. IV d.n.e., de nuevo destinando gran parte de sus esfuerzos a la producción ánforas salsarias junto a vinarias y olearias en menor escala. En la bahía de Algeciras los datos sobre producción alfarera para momentos medio y bajoimperiales eran hasta hace poco inexistentes, vacío que han venido a llenar dos intervenciones recientes: por un lado, la documentación de un taller alfarero en la pars fructuaria de la villa de Puente Grande (Los Barrios) datado en el s. IV y comienzos de la centuria siguiente; y por otro, el descubrimiento de una enorme factoría de salazón en la C/ San Nicolás de Algeciras posiblemente ligada a la Ivlia Traducta de las fuentes y que ha deparado la excavación de niveles de uso tardoantiguos que retrotraen el fin de la actividad conservera (y por ende alfarera) en la zona del estrecho hasta comienzos del s. VI d.n.e. asociada quizá a la conquista bizantina. La existencia de producciones anfóricas béticas datables hasta comienzos del s. VI d.n.e. es un dato ya conocido anteriormente que hay que valorar en el sentido de que algunos talleres debieron continuar produciendo tanto en la bahía algecireña como en la gaditana en esos momentos, si bien hasta el momento en ambas zonas las pruebas arqueológicas en forma de hornos y testares no han sido halladas.
En resumen, salvando el vacío arqueológico campogibraltareño para época prerromana y republicana, las trayectorias alfareras de ambas bahías han seguido caminos similares, siendo el principal denominador común el haber estado volcadas a la producción de envases para surtir a las explotaciones rurales del entorno y sobre todo a las factorías salazoneras que constituirían la base económica de las ciudades de ambas bahías. Esta línea productiva paralela que comenzó en momentos tardorrepublicanos nos da idea de que esta trayectoria debió comenzar con el establecimiento de los primeros colonos semitas en las dos bahías, pues ambos focos tuvieron el mismo origen fenicio y unos condicionantes geopolíticos y geoeconómicos muy parecidos desde época púnica hasta la Tardoantigüedad.
Referencias: Díaz Rodriguez, J. J., Sáez Romero, A. M., Toboso Suárez, E. J., Montero Fernandez, A. I., y Montero Fernandez, R., (2003)
"Las producciones cerámicas en las bahías de Algeciras y Cádiz en la Antigüedad. Análisis comparativo de sus trayectorias alfareras", Almoraima, 29, Actas de las VII Jornadas de Historia del Campo de Gibraltar (Castellar, 2003), Algeciras, pp. 123-136.
Autores: José Juan Díaz Rodríguez, Antonio M. Sáez Romero, Ernesto J. Toboso Suárez, Anabel Montero Fernández, Roberto Montero Fernández