LA EVOLUCIÓN DE LAS INDUSTRIAS ALFARERAS DE SAN FERNANDO (CÁDIZ) DURANTE LA ANTIGÜEDAD.
2. LOS ALFARES FENICIO-PÚNICOS EN SAN FERNANDO.
2.1. Sector III Camposoto.
En el año 1998 se excavaron nuevas estructuras de producción alfareras (Gago et alii, 2000); En la primera fase de este yacimiento ( s. VI-V a.n.e.) tres de ellos eran de planta circular de tipo omega con pilar central ovalado y un contrafuerte posterior que lo une a la pared del horno, mientras que otros tres de reducidas dimensiones presentaban una sola cámara. El último horno es un modelo intermedio entre los dos tipos anteriores pues presenta parrilla aunque ésta no estaba sustentada por pilar alguno. Gran parte de ellos presentan un corredor de acceso de forma alargada y el sistema constructivo consistía en excavar una fosa en el suelo y recubrirla de adobes rectangulares plano-convexos y mampuestos de tamaño y morfología diversa. Estos siete hornos documentados estaban agrupados en tres conjuntos (hornos I y V; II y III; IV, VI y VII), además de localizarse varias escombreras asociadas a ellos. La principal producción de estos hornos serían ánforas del tipo T-11.2.1.0, aunque se han documentado producciones de otra índole como pithoi, urnas tipo Cruz del Negro evolucionadas, terracotas, ollas, morteros, páteras, cuencos, platos... La cronología propuesta para este primer periodo del complejo alfarero sería la de comienzos del s. VI a.n.e., extendiéndose su actividad al menos hasta las postrimerías del s.V a.n.e., aunque algunos fragmentos de platos de engobe rojo con bordes que oscilan entre 3,5 y 4,7 mm podrían ser fechados en la segunda mitad del s.VIII a.n.e. (fragmentos que no parecen ser producciones del propio alfar). En una segunda fase el lugar sería reocupado posteriormente como zona de necrópolis, documentándose algunas tumbas púnicas y romanas republicanas, así como fosas con materiales cerámicos asociados a ellas, al igual que fallos de cocción que evidencian la posibilidad de la existencia de un alfar más tardío (circa. s. III a.n.e.) ubicado en sus inmediaciones.
Fig. 2. a) Hornos fenicio-púnicos de la fase I de Sector III Camposoto (según Gago et alii, 2000); b) Horno romano republicano de Pery Junquera (según González et alii, en prensa); c) Hornos del yacimiento de Torre Alta.
Fig. 2. a) Hornos fenicio-púnicos de la fase I de Sector III Camposoto (según Gago et alii, 2000); b) Horno romano republicano de Pery Junquera (según González et alii, en prensa); c) Hornos del yacimiento de Torre Alta.
En 1997, en las cercanías de Torre Alta, tras las excavaciones dirigidas por Beatriz González Toraya, se documentó una nueva zona de producción alfarera en la que se pudieron diferenciar dos fases (González et alii, e.p.): una fase púnica a la cual pertenecen al menos 11 hornos de diferente tamaño y tipología y los restos de una posible factoría de salazones; y una fase romana con un nivel republicano representado por un horno alfarero y también con un nivel altoimperial caracterizado por una factoría de salazones de época julio-claudia y por unas posibles termas . Los hornos son de pequeño tamaño, siendo del mismo tipo que los ya documentados en el yacimiento de Torre Alta o más reducidos aún y sin pilar central para sustentar la parrilla. No contamos con información alguna acerca de las producciones de este complejo alfarero, aunque parecen relacionadas con la industria salazonera por lo que estos hornos se destinarían principalmente a la producción de ánforas para el transporte de los productos marinos. Según lo expuesto en el Museo Histórico Municipal, se han documentado los tipos 11.2.1.3 y 12.1.1.1 de J. Ramón, además de jarros, cuencos, platos, terracotas... En este yacimiento, con una estratigrafía compleja debido a la reutilización del espacio en época romana republicana, tendríamos un testimonio de una transición rápida y sin cesuras desde los momentos finales de la dominación bárcida a los primeros pasos de Roma en la zona, mostrando asimismo la continuidad de las zonas de producción alfarera púnicas en momentos republicanos con, al menos, un horno documentado.
En los años 1995 y 1997 se practicaron nuevas intervenciones arqueológicas en las cercanías del yacimiento de Torre Alta, documentándose en primer lugar unas escombreras de materiales cerámicos (Rotonda Benjamín López), posiblemente relacionadas con aquel yacimiento, y una nueva pareja de hornos púnicos respectivamente. Los materiales y las estructuras no han representado cambios cronológicos o de producción con respecto a las ya excavadas anteriormente. Estas alfarerías, aún inéditas, parece sin embargo que estaban más dedicadas a la producción de cerámicas de uso doméstico, aunque también se han hallado materiales anfóricos (Muñoz, e.p.: 16).
Los hornos de Torre Alta se encuentran al noroeste de la ciudad, en el inicio de la calle Benjamín López, a una distancia muy corta de la antigua línea de costa pero en la cima de una ligera elevación de la isla (Sáez et alii, e.p.). Es destacable la cercanía de una gran mina de arcilla en la zona denominada El Barrero que pudo haber sido utilizada ya desde la Antigüedad para la obtención de la materia prima, así como la proximidad de varios pozos que han continuado en uso hasta casi la actualidad. En el yacimiento se localizaron dos estructuras de hornos, cuya descripción atendemos a continuación (Perdigones y Muñoz, 1991; De Frutos y Muñoz, 1993):
Horno 1: Planta en forma de U, con los extremos algo cerrados. El suelo de la cámara está dispuesto en rampa a ambos lados de la columna hacia el corredor, al que se accede mediante una serie de escalones y fue revestido con un muro tapial con refuerzos con adobes y piedras. La columna fue construida con tambores de piedra ostionera y recubierta de arcilla. La parrilla se compondría de una falsa bóveda realizada con ladrillos plano-convexos unidos con arcilla. Los muros de la cámara de inferior presentan forma convexa, teniendo la parte superior la forma abovedada, aunque no debió tratarse de una bóveda uniforme.
Horno 2: De mismas características que el primero aunque en menores dimensiones. La planta es de forma piriforme. El muro es predominantemente de adobes con arcilla, aunque también se usó el tapial. La columna y la parrilla son de similares características que las del primer horno.
Se desconoce como sería la camara de cocción de ambos hornos. Podemos suponer basándonos en ejemplos similares, que estaría formada por un muro con forma cilíndrica rematado por una bóveda, fija o móvil, según la resistencia de los muros (De Frutos y Muñoz, 1993). La producción de estos hornos fue eminentemente anfórica, aunque asociados principalmente al horno II aparecen producciones tales como cuencos, platos, ollas, tapaderas, tazas, lebrillos, etc... destacando formas locales de la cerámica de barniz negro tipo campaniense A. Con respecto a la producción anfórica, se determinaron 5 formas producidas en estos alfares (De Frutos y Muñoz, 1993; Muñoz, e.p.):
a) Forma 1. Presenta dos variantes: - Forma 1a (T-12.1.1.1 de Ramón): sería una forma evolucionada de la T-11.2.1.3 localizándose en numerosos yacimientos como Las Palomas (Tarifa), Huerta de las Presas (San Roque), Cerro del Mar, Morro de Mezquitilla (Málaga) [Marzoli, 2000: figs. 3, 4 y5], Almuñécar, Ceuta, Kouass, Cerro Macareno, Zona del Sado portugués y Galicia. Su vigencia cronológica se situaría en este caso entre el siglo IV y el último tercio del s.II a.n.e.
- Forma 1b (T-12.1.1.2): es una forma que convive y posiblemente llega a sustituir a la anterior, teniendo una distribución muy reducida aunque es muy abundante en Cádiz. También las encontramos en Málaga, Las Redes (Pto. de Sta. María), Mogador (Marruecos) y Morro de Mezquitilla (Málaga). Su producción se centraría en la segunda mitad del s. III a.n.e, perdurando hasta posiblemente el tercer cuarto del siglo II a.n.e.
b) Forma 2.(T-8.2.1.1) Esta forma la podemos encontrar, además de en varios enclaves del levante peninsular, en los yacimientos de El Aculadero, Punta del Nao, Las Redes, Cerro Naranja, Cerro Macareno, Carmona y Pajar de Artillo con cronologías que oscilan desde el s. IV hasta comienzos del II a.n.e.
c) Forma 3.(T-9.1.1.1) Es porcentualmente la más numerosa hallada en el yacimiento, siendo un tipo muy común en Cádiz entre los siglos III-II a.n.e., siendo característica su presencia en contextos del tercer cuarto del s.II a.n.e. Se encuentra asimismo en yacimientos como Las Redes, Cabezo de San Pedro (Huelva), Cerro de Montecristo (Adra, Almería), Molinete (Cartagena), Cerro de los Infantes (Pinos Puente, Granada), los campamentos que sitiaron la ciudad de Numantia y los niveles fundacionales de Valencia (Ribera, 1998: 323).
d) Forma 4.(SG-7.4.3.0) Esta forma presenta un radio de dispersión muy similar a los tipos arcaicos de hombro carenado T-10.1.2.1, estando ampliamente documentadas en diversos yacimientos gaditanos con cronologías de finales del s.II a.n.e., llegando posiblemente a época augustea. Son muy abundantes en el Santuario de La Algaida (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz) y en Bolonia (Tarifa, Cádiz), aunque su enorme dispersión mediterránea da fe de la importancia del comercio gadirita de las salazones de pescado.
e) Forma 5. Esta forma responde a un tipo greco-itálico Will C (Will, 1982), correspondiendo probablemente más a una importación que a una producción propia de este taller.
Junto a la producción de estos hornos cabría destacar las marcas de alfarero halladas en diversos ejemplares de las ánforas documentadas en el yacimiento, entre las cuales podemos encontrar estampillas de los tipos 1-E2, 3-A1, 1-B4, 2-B4, 6-A1 y 6-B4 de J. Ramón (Ramón, 1995: 586-587), lo cual puede proporcionarnos una valiosa información acerca de la distribución comercial de la producción de estos alfares y sobre las relaciones de producción entre alfareros, comerciales distribuidores y clientes; por otro lado podría ayudar a clarificar el intervencionismo estatal o de la institución templaria en estas actividades económicas (García, 1996; De Frutos y Muñoz, 1993).
Siguiendo también a J. Ramón Torres (Ramón, 1995: 256), el tipo de pastas definitorio de los alfares de la Bahía de Cádiz comprende además de estas formas un variado elenco de tipos anfóricos (como los documentados en Sector III Camposoto) con una difusión comercial y un volumen de producción que debieron ser muy destacables (gran cantidad de alfares púnicos debieron estar funcionando de manera sincrónica para abastecer la amplia demanda); entre estos tipos se encuentran todos los documentados en el control arqueológico de Gallineras 1999, teniendo sus pastas las características propias locales ( Toboso et alii, inédito).
Tras el estudio de los materiales procedentes del control de construcción de una valla en las cercanías del conocido yacimiento de Gallineras (Beltrán, 1977), se ha podido comprobar la existencia en el registro arqueológico de indicios (fallos de cocción y materiales con cronología homogénea) de la existencia de un nuevo alfar en esta zona con una cronología que podría englobar los siglos IV-III a.n.e. y que supone otra vez un claro exponente de continuidad productiva, reutilizándose este espacio en época romana para la misma funcionalidad (Toboso et alii, inédito).
En el año 1989 y a comienzos de 1990 fueron llevadas a cabo excavaciones en el solar contiguo al que actualmente ocupa el comercial Centro Atlántida. Se documentó una factoría de salazones y una zona de vertidos industriales alfareros. La actuación la llevó a cabo el Grupo Municipal de Arqueología en colaboración con la Delegación Provincial de Cultura, realizándose una intervención de urgencia dirigida por Miguel Ángel Sanz. Se exhumaron restos de una gran escombrera con material anfórico diverso, algunas de estas ánforas con contenido orgánico (restos de ictiofauna), además de los hallazgos habituales en las industrias salazoneras de la Bahía: anzuelos, fíbulas, cerámicas de paredes finas, y gran cantidad de restos púnicos (T- 8.2.1.1 y T-12.1.1.1, entre otros), pudiendo relacionarse estos con el fallo de cocción de esta última forma documentado en la intervención de urgencia realizada en octubre de 2000 en la cercana villa romana de Avda. Constitución. Se trataría por tanto de un nuevo taller que podría estar relacionado con la fase tardopúnica de Sector III Camposoto y los niveles inferiores de la villa.
No debe extrañar, por los tipos de pastas locales constatados en gran número de ánforas fenicias arcaicas occidentales, además de por su situación como colonia dirigente de las actividades comerciales en esta primera etapa, la existencia de uno o varios talleres alfareros desde los primeros momentos en Gádir, aunque arqueológicamente aún no ha sido hallada esa alfarería que surtía de envases tanto comerciales, de almacenamiento, comunes, de lujo, etc... a los habitantes de la ciudad. El primer testigo de alfarería fenicio-púnica en el ámbito de Gádir lo encontramos en el yacimiento de Sector III Camposoto en San Fernando, perteneciendo estos hornos y testares a comienzos del s. VI a.n.e, periodo de transformaciones en el que la exportación de salazones gadiritas (y por tanto de los necesarios envases) cobran un gran auge. La actividad de este yacimiento parece extenderse hasta los momentos finales del s. V a.n.e, quedando entre el cese de este taller y el inicio de la actividad en los de Torre Alta, Pery Junquera, Avda. Al-Andalus y Tolosa Latour (de mediados o finales del s. III, quizá ligados a la intensa explotación comercial del periodo bárcida o inmediato a este), un espacio que se centra en el s. IV a.n.e. en el que todavía no podemos situar plenamente la actividad de ningún taller. Un aspecto interesante en esta evolución sería la ubicación de los talleres alfareros en situación de insularidad (en San Fernando principalmente) mientras el grueso de las factorías de salazones demandantes de los envases se localizarían en la costa de El Puerto de Sª María. La conquista romana tras el 206 a.n.e. no supondría en las primeras décadas un gran cambio ni en el número, ni en la ubicación, ni en las producciones de los alfares pues Torre Alta, Pery Junquera y Avda. Al-Andalus continúan su actividad en estos primeros años, si bien antes de mediados del siglo se advierten cambios en el planteamiento de la distribución de la antigua Gádir que afectarán de forma radical a estas industrias.
Referencias: Fernández, J.; Díaz, J. J.; Sáez, A. M.; Montero, R., y Toboso, E. J., (2001) "La evolución de las industrias alfareras de San Fernando (Cádiz) durante la Antigüedad", Nivel Cero, nº 9, Santander.
Autores: José Juan Díaz Rodríguez, Antonio M. Sáez Romero, Ernesto J. Toboso Suárez, Roberto Montero Fernández