LA EVOLUCIÓN DE LAS INDUSTRIAS ALFARERAS DE SAN FERNANDO (CÁDIZ) DURANTE LA ANTIGÜEDAD.
3. LOS TALLERES CERÁMICOS ROMANOS.
Dejando a un lado los alfares púnicos de Torre Alta y Pery Junquera, cuyas últimas fases productivas muestran una transformación de los tipos, introduciéndose formas de filiación cultural o cronológica romana republicana (como cerámicas de tipo campaniense A o la popular Mañá C2b), podemos diferenciar los siguientes talleres (Lagóstena, 1994: 109-110; 1996b:114-119; Beltrán, 1977: 104-106, figs. 3-10; 1983: 46-48; García, 1998: 164-167):
3.1. Fadricas.
El yacimiento, dado a conocer por hallazgos superficiales casuales de restos cerámicos con claros signos de cocciones fallidas, algunos conservados en el Museo Municipal, se encuentra en las cercanías de la playa del mismo nombre en terrenos militares, por lo que la información es muy dudosa al no haberse acometido nunca trabajos de excavación ni de prospección superficial intensiva en él (Lagóstena, 1996b: 110, fig. 30). No es posible por tanto ubicarlo ni dar datos sobre los tipos que pudieran constituir sus producciones.
Como ya se enunció en un apartado anterior, en 1997 se realizó una intervención arqueológica de urgencia en los terrenos que actualmente ocupa el Residencial Isla de León, exhumándose otra zona destinada a la actividad alfarera (González et alii, e.p.) en la que tras una fase púnica que comenzaría tal vez a fines del s. IV a.n.e., se documentó una fase de ocupación plenamente romana republicana representada por un horno y un nivel altoimperial constituido por una factoría de salazón julio-claudia y parte de unas termas. En este yacimiento podemos ver claramente la rápida transición de la producción púnica a la romana en los mismos lugares en los que ya se desarrollaba. El horno, que cortaba la pared externa de otro púnico, corresponde al tipo Ib de Cuomo di Caprio, siendo esta una forma novedosa en el ámbito gaditano (González et alii, e.p.). Su cronología, aportada en base a los materiales cerámicos que componían los niveles de amortización, iría desde la segunda mitad del s. II a.n.e. al primer tercio del s. I a.n.e., dándose como probables producciones de este alfar los tipos SG-7.4.3.0 y T-9.1.1.1, además de los tipos púnicos de la fase anterior: SG- 11.2.1.0, T-12.1.1.2 y T-8.2.1.1. Al parecer también se cocieron formas de uso doméstico tanto comunes como con engobe rojo o barniz negro.
Definimos con este término a los hornos localizados en la parte alta del cerro, en las inmediaciones de la actual ermita de los patronos de la ciudad. Es destacable la confusión de la gran mayoría de investigadores en el empleo de los nombres "Cerro de los Mártires" o "Gallineras", para definir indistintamente a ambos yacimientos y sus producciones, separados únicamente por algunas decenas de metros y por un talud artificial debido a las actividades de extracción de áridos de las laderas del cerro con destino a diversos rellenos en Cádiz y San Fernando. Esta separación se debe solamente a una continuidad historiográfica puesto que consideramos a ambos talleres alfareros parte de un gran complejo industrial, debido a sus concordancias cronológicas y productivas, a su proximidad y a su mutua relación con diversas estructuras como el conjunto de piletas de opus signinum, el acueducto secundario de Huerta de Lillo y la villa romana (Corzo, 1981-1982: 55-60). Los hornos de la cumbre del cerro se diferenciarían sin embargo por su producción principal, destinada a la fabricación de cerámicas de uso doméstico y de lujo (paredes finas, terra sigillata, común, terracotas...), aunque los hallazgos anfóricos también son numerosos en superficie, ya estudiados por M. Beltrán (1977: 104-106; 1983: 46-48). La zona baja del taller estaría destinada por tanto a la fabricación de ánforas salazoneras, aunque también se documenta la elaboración de materiales constructivos (ladrillos, tégulas, ímbrices...).
Como expone L. Lagóstena (1996b: 115), sólo se conoce una pareja de hornos, excavados parcialmente por el colectivo Gerión en 1970 , estando actualmente soterrados aunque son visibles algunos restos y gran cantidad de materiales cerámicos procedentes de sus escombreras. Los hornos son de planta circular, con unos 4 m. de diámetro, construidos con adobes, ladrillos y restos cerámicos. Su producción, confusa por las adscripciones erróneas de tipos de Gallineras, podrían ser: Dr. 7c, 8, 9, 10, Haltern 70 además de probablemente Mañá C. Además de materiales anfóricos, este alfar fabricó varias formas de cerámicas comunes (platos, cuencos, ollas, jarras...), lucernas, cerámicas de paredes finas y probablemente terra sigillata . La cronología de los materiales romanos de esta instalación comprende una actividad desarrollada al menos entre los ss. II a.n.e.-IV d.n.e., aunque algunos materiales púnicos sin posición estratigráfica clara podrían llevar los inicios hasta al menos principios del s. IV a.n.e.
Además de estos alfares, se han interpretado como un posible alfar romano algunas de las estructuras excavadas por P. Quintero en los años 30 en la zona del Cerro de la Batería (1996b: 120-121 y 145-149; Quintero, 1932), muy próxima al actual muelle de Gallineras y al yacimiento de Sector III Camposoto, posiblemente debido a que gran parte de los materiales publicados parecían ser de adscripción cronocultural altoimperial. Sin embargo, un examen atento de los dibujos muestra materiales púnicos diversos en abundancia, entre los que podemos destacar dos posibles bordes de T-10.1.2.1, con una cronología probable de al menos comienzos del s. VI a.n.e. junto a los que vemos numerosas asas de sección redonda, bordes entrantes, ungüentarios helenísticos fusiformes y urnas, materiales similares a los hallados en el taller alfarero de Sector III Camposoto también datado en el s. VI a.n.e.; además no debemos olvidar la posibilidad que se abre ahora tras las excavaciones de este último yacimiento de interpretar la zona como necrópolis arcaica de Gádir (en estas necrópolis se da mayoritariamente la cremación, aparecen ustrina y enterramientos en hipogeos o pozos con varias cámaras como refleja Quintero en la memoria). Es destacable el que el propio excavador propusiera, entre otras, la posibilidad de que se tratara de un horno cerámico; sin embargo, a nuestro juicio, la presencia de gran cantidad de materiales romanos se debería a la proximidad de un yacimiento en la zona de La Calera, una villa romana de la que se excavó parcialmente en agosto de 1975 un hipocaustum perteneciente a unas posibles termas (Álvarez et alii, 1981: 28). Debido a lo confuso e incierto de los datos no podemos inclinarnos por ninguna de las interpretaciones, teniendo en cuenta que ambas cuentan con argumentos de peso a su favor.
El yacimiento se sitúa en las proximidades del extremo S de lo que posiblemente fue la antigua isla que fenicios y romanos encontraron entre las que formaban el archipiélago gaditano en la Antigüedad. Las estructuras de combustión, sus escombreras y el depósito de ánforas documentado se ubican en la ladera S del Cerro de los Mártires, máxima elevación de la isla (34 m.s.n.m.), que descendía en suave pendiente hacia lo que hoy son las marismas adyacentes al Caño de Sancti Petri. Aunque esta zona del denominado camino de la Almadraba no ha sido urbanizada hasta fechas recientes, la destrucción del entorno del yacimiento (y gran parte de él) es considerable debido a las tareas de extracción de áridos que se han llevado a cabo en la zona desde comienzos de siglos hasta la década de los 70. A pesar de esto, aún pueden verse con facilidad dos hornos que se hallan en superficie, así como multitud de restos descontextualizados y algunos vestigios de la factoría de salazones y la villa romana que se hallan junto a las estructuras industriales alfareras. Tras una intervención en 1989, motivada por la construcción del alcantarillado bajo el trazado de la actual carretera de Gallineras (que discurre paralela al Caño y a escasos 3 m de los hornos), se ubicaron con seguridad la disposición del depósito de ánforas y la factoría de salazones, extrayéndose algunas ánforas casi completas y gran cantidad de fragmentos, además de restos de piletas. Por otra parte, se constató la profundidad a la que comenzaban los niveles arqueológicos, que en algunas zonas estaban en superficie debido a su arrasamiento por las labores de cantería. Su producción se centraría en las formas Dr. 7a, 7c, 9, 10a, 10c y 10d, además de materiales latericios y cerámicas comunes (platos y opérculos) con una actividad productora para la fase romana del yacimiento que podríamos situar entre los años finales del s. I a.n.e. y el s. II d.n.e. Por otro lado se han constatado diversos fragmentos de ánforas tardorromanas que podrían remontar la cronología hasta el s.III d.n.e..
Durante la ya referida excavación de 1989 se documentaron fallos de cocción abundantes de la forma Beltrán I. Estos desechos y restos de piletas, en conjunción con los restos exhumados en la intervención en la villa de Avda. Constitución de 1978 en octubre de 2000 (donde se ha hallado un fragmento con claro signo de cocción fallida) nos hacen plantear la hipótesis de la existencia de un taller alfarero de importancia en la zona, siendo este seguro de gran importancia para estos momentos , posiblemente asociado a las actividades económicas de comercialización del enclave rural. Por otra parte, la zona de piletas, si consideramos que pertenecen a la misma factoría ya documentada en las cercanías de la villa, se extendería por un enorme sector hasta llegar a la antigua costa, constituyendo sin duda la mayor factoría del entorno de la Gades romana. Estos hallazgos de Centro Atlántida, Avda. Constitución, además de los ya comentados de La Calera en 1975 y de Sector III Camposoto en 1998, en los cuales se localizan varias villae romanas de cronología similar en un espacio relativamente reducido podría estar indicándonos la existencia de una pequeña aglomeración habitacional secundaria, que aunque no podemos considerar urbana, tendría una elevada importancia económica para Gades.
Referencias: Fernández, J.; Díaz, J. J.; Sáez, A. M.; Montero, R., y Toboso, E. J., (2001) "La evolución de las industrias alfareras de San Fernando (Cádiz) durante la Antigüedad", Nivel Cero, nº 9, Santander.
Autores: José Juan Díaz Rodríguez, Antonio M. Sáez Romero, Ernesto J. Toboso Suárez, Roberto Montero Fernández