El ascenso de los Borbones al trono llevó consigo la adopción de una nueva política naval, en la que La Isla de León iba a ocupar un papel singular. El desarrollo del Real Carenero y la conversión del islote de La Carraca en el gran arsenal de la zona fueron los primeros pasos para el traslado del Departamento Marítimo desde Cádiz a La Isla de León, hecho que se produjo en 1769 reinando ya Carlos III.
La comandancia General del Departamento y la Academia y Cuartel de Caballeros de Guardias Marinas fueron las primeas instituciones que se trasladaron a la Isla, ubicándose en pleno centro de la ciudad. La primera en su calle principal, en la "Casa Micolta", actual 185 de la calle Real, y la segunda a espaladas de la anterior, aunque muy cercana.
Sin embargo no permanecería la capitanía General mucho tiempo en este edificio pues ya en 1769 se intentaba conseguir una ubicación definitiva. Para ello se compraban unas casas y solares cercanas al Castillo de San Romualdo, es decir, el mismo lugar que ocupa actualmente.
En este edificio permaneció la Capitanía hasta que, casi un siglo más tarde, en 1868 fuese trasladada a la actual Escuela de Suboficiales, ya que este edificio había quedado vacío debido a la ubicación de la Escuela Naval en El Ferrol. Sin embargo, poco después en 1910 la Escuela regresaría a San Fernando ocupando su primitivo emplazamiento por lo que la Capitanía General pasaba de nuevo al edificio de la calle Real donde permaneció hasta su último traslado a Rota.
La existencia de este edificio data de la segunda mitad del siglo XVIII aunque su fisonomía actual es el resultado de diversas reformas. Entre ellas destaca la efectuada en 1917 por el ingeniero de fragata Don Vicente Sánchez de Cerquero en la que prácticamente fue reedificado. Posteriormente, fue de nuevo ampliado con terrenos anexos sufriendo a mediados del siglo XX la remodelación que le confirió su aspecto actual. El lenguaje arquitectónico usado en esta ocasión responde a los cánones que los arquitectos oficiales estaban implantando en la fábrica de El Valle de los Caídos.
Las creaciones de esta fase responden al deseo de plasmar los principios clásicos, cristianos, catolicistas e imperiales a través de una arquitectura desnuda, masiva y proporcional en las que en numerosas ocasiones las escalas usadas nos recuerdan construcciones de los países europeos ligados en aquel momento a la España de Franco.
Referencias:
Fichas del Patrimonio Histórico Artístico de San Fernando.
Edita: Publicaciones del Sur 1994.